sábado, 18 de octubre de 2014

QADESH/POTSDAM

Qadesh y Potsdam, dos grandes acuerdos internacionales que proporcionaron décadas de paz en el interior y una multitud de guerras cruentas en la periferia. Ambos acontecimientos se encuentran separados en el tiempo por 3200 años de distancia, pero sus efectos fueron similares en algunos aspectos, si bien hay que decir que en otros sus consecuencias fueron distintas. De ambas conferencias de paz surgieron sendos equilibrios entre las potencias militares y económicas más importantes de sus respectivas épocas, el desarrollo económico y la seguridad y estabilidad de los Estados se afirmaron y la sociedad vivió una época brillante. Sin embargo, ninguno de los dos sistemas sobrevivió mucho tiempo; el Tratado de Qadesh tuvo lugar hacia 1259 a. C. y cincuenta años después dejó de tener vigencia; la Conferencia de Potsdam se celebró en 1945 y cuarenta y seis años después uno de sus dos principales participantes había desaparecido.
El tratado de Qadesh fue consecuencia de la batalla del mismo nombre que se libró quince años antes, en 1279 a. C.; es evidente, por tanto, que el tratado de paz no fue inmediato a la gran batalla de Qadesh. Durante aquellos quince años que separan la batalla del tratado hititas y egipcios llegaron a la convicción de que ninguno de ellos podía derrotar definitivamente al otro. Por otra parte, en el bando hitita se había producido un cambio importante; el rey Muwatalli II, que combatió en la batalla, había muerto en 1272, y había subido al trono su hijo Urhi Teshub. Este último hubo de afrontar muchas dificultades, pues una parte de la nobleza le negó la legitimidad y los asirios presionaron sin descanso en la frontera oriental. No obstante, las cosas no le fueron totalmente mal a Urhi Teshub, en buena parte gracias a su tío Hattusili, que se había hecho cargo del gobierno del Norte del territorio y había obtenido grandes victorias contra los pueblos de la montaña. Estos progresos militares fueron tan importantes que Urhi Teshub pudo regresar a Hattusa, capital del imperio, que Muwatalli II se había visto obligado a abandonar ante la amenaza de los pueblos montañeses conocidos con el nombre de gasga.
Pero Urhi Teshub sintió celos de los éxitos de su tío Hattusili y pretendió destituirlo del cargo de gobernador. Hattusili contaba con el apoyo de gran parte de la nobleza hitita y de lo mejor del ejército, y sintiéndose con tal respaldo se sublevó contra su sobrino, quedando el país sumido en una feroz guerra civil. En 1265, tras vencer en la guerra, Hattusili se ciñó la corona de Hatti, siendo conocido desde ese momento como Hattusili III. Hombre de gran experiencia militar y diplomática captó rápidamente la idea de que las fronteras donde había que combatir eran la del Norte, contra los gasgas, y la del Oeste contra los aqueos (ahhiyawas); por esta razón promovió desde el principio un acuerdo de paz con Egipto, el terrible enemigo de la batalla de Qadesh. Hattusikli III sabía que un pacto con Egipto dejaría paralizados a los asirios, que quedarían aislados en el juego de las alianzas. Todavía estaba vivo Ramsés II, el faraón que se enfrentó en Qadesh con su difunto hermano Muwatalli II; su reinado fue largo, pues se sentó en el trono de Egipto hasta su muerte, en 1213 a. C. Era un faraón guerrero y de gran valentía, pero al recibir la propuesta de paz de Hattusili supo ver las grandes ventajas que obtendría de un acuerdo semejante.
El pacto, conocido como Tratado de Qadesh, se planteaba con una duración indefinida y congelaba las fronteras del momento entre Hatti y Egipto. Además, ambos reyes se comprometían a acudir uno en ayuda del otro en caso de necesidad, capítulo éste que disuadía a las potencias de segundo orden de la zona de intentar cualquier agresión a los firmantes y sus aliados.
Otro capítulo del Tratado de Qadesh se refería a la seguridad interna de Hatti y Egipto; por él se acordaba no dar asilo a los rebeldes, sediciosos y traidores de los respectivos reinos; la intención era blindar el sistema contra todo aquel que pretendiese socavarlo.
El tratado de Qadesh proporcionó décadas de paz y desarrollo a todo el Mediterráneo Oriental y el Próximo Oriente, pero hubo un aspecto que escapó al control de los acuerdos y que acabó destruyendo aquel equilibrio internacional que tan buenos resultados daba. La zona Egeo-Anatólica se vio sometida durante las últimas décadas del Siglo XIII a una serie de tensiones que acabaron siendo funestas. Por una parte los pueblos que habitaban Anatolia Occidental basaban buena parte de su economía en la guerra, ya fuese como mera depredación, ya alistándose como mercenarios, tanto en Hatti como en Egipto. Por otra parte, el control de las rutas del comercio marítimo en el Mediterráneo Oriental había desencadenado una lucha sin cuartel entre los distintos pretendientes al monopolio; entre ellos los más agresivos eran los aqueos, que controlaban las aguas del Egeo y tenían puestas sus miras en Siria-Palestina y el Mar Negro. Finalmente, un fenómeno impredecible se desencadenó a finales del Siglo XIII; el valle del Danubio alcanzó el límite de superpoblación soportable y grandes grupos humanos emprendieron una migración hacia el Sur.
Todos estos conflictos, enlazados entre sí de muchas maneras acabaron por destruir absolutamente el Estado hitita. Hattusa fue incendiada, el palacio y la administración desaparecieron y quedó abierto un gran boquete, a través del cual una nube de grupos humanos diversos irrumpieron en aquella civilización arrasándolo todo.
El Estado hitita desapareció para siempre y su recuerdo quedó borrado hasta que en 1829 Jean-FranÇois Campollion e Ippolito Rosselini descubrieron en las ruinas del templo de Karnak una inscripción donde podía leerse una copia del Tratado de Qadesh.

                  Ramsés II en su carro en los relieves de Abu Simbel.

La Conferencia de Potsdam también permitió largos años de paz en Europa, Estados Unidos y la Unión Soviética. Sin embargo, a semejanza de lo que ocurrió en el Siglo XIII en el Egeo y Anatolia Occidental, las zonas periféricas a los Estados participantes se vieron envueltas en una terrible vorágine de guerras.
Hay una diferencia básica entre Qadesh y Potsdam: los que acordaron Qadesh eran viejos enemigos que acabaron siendo aliados y amigos; los que se sentaron en Potsdam eran aliados que acabaron siendo enemigos. Aún así, ambas paces, como hemos dicho, permitieron un período de prosperidad en el núcleo de aquel mundo; no así en la periferia, donde la guerra hizo estragos.
El objetivo inicial de la Conferencia de Potsdam era gestionar la victoria sobre Alemania y poner condiciones a la rendición de Japón. En cuanto a Alemania, no participó en las conversaciones; no era necesario, la derrota del Tercer Reich había sido total y sin condiciones, muchas de sus ciudades estaban reducidas a escombros, el hambre atenazaba a la población. En Potsdam, a pocos kilómetros al Suroeste de Berlín, se reunieron los vencedores; Winston Churchill, Primer Ministro de Gran Bretaña, Harry S. Truman, Presidente de los Estados Unidos de América y Iósif Stalin, Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Por la izquierda, Churchill, Truman y Stalin en Potsdam, 1945.

En principio se acordó que Austria y Alemania quedasen separadas como Estados independientes y que los territorios anexionados por el Tercer Reich fuesen devueltos a sus originales propietarios. Caso aparte era Polonia, pues parte de su territorio había sido anexionado por Stalin al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. En este último asunto la cuestión fue más difícil de resolver, pero definitivamente se acordó que Polonia poseyese amplios territorios, sobre todo a costa de Alemania.
Los territorios de Alemania y Austria quedarían ocupados por los vencedores y divididos en cuatro zonas, estadounidense, soviética, británica y francesa respectivamente. Alemania debería pagar una indemnización de guerra reducida, pues en la memoria de todos estaba el fracaso del Tratado de Versalles de 1919, cuando las enormes exigencias de los vencedores fomentaron el resentimiento y el revanchismo en Alemania.
Para evitar la proliferación de nacionalismos irredentos, se deportó y a todas las minorías alemanas de Europa del Este y se las reasentó dentro de las nuevas fronteras de Alemania y Austria. En el campo ideológico se procedió a destruir todas las estructuras políticas y soportes propagandísticos del nazismo, prohibiendo su difusión, apología y enaltecimiento.
Sin embargo lo más importante de Potsdam no fue lo que se dijo allí, sino lo que se calló, aunque todos lo supiesen; es decir, que los antiguos aliados pasaban a ser enemigos mortales y que el mundo entero quedaba dividido en dos bloques, a favor de unos o a favor de otros; nadie, absolutamente nadie podía permanecer sin alinearse en uno de los dos bandos. Estados Unidos de América sería el líder y cabeza de lo que se llamaría el Bloque Occidental, la Unión Soviética acaudillaría al Bloque Comunista. Aunque existiese a partir de la década de los 60 un grupo de Estados que se denominasen "no alineados", esto era una absoluta falacia; el lema que surgió de Potsdam era "o estás conmigo o estás contra mí"; la no alineación no era nada más que una de las muchas retóricas propias de aquella época.
Estados Unidos y la URSS, deseosos de mantener prietas las filas de sus aliados, crearon sendas organizaciones militares  defensivas. Estados Unidos se adelantó en ello y en 1949 fundó la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y como reacción necesaria, la URSS impulsó en 1955 el Pacto de Varsovia; ambos antagonistas se observaban mutuamente apuntándose con sus armas nucleares.
Como se puede comprobar, este panorama es bien distinto al que surgió tras el Tratado de Qadesh. En el Siglo XIII a. C. las dos grandes potencias militares, Hatti y Egipto, se esforzaban por mantener el sistema y el equilibrio de fuerzas en base a la cooperación mutua; en la segunda mitad del Siglo XX las dos potencias militares USA y URSS, buscaban la eliminación del contrincante. ¿Pero fue esto realmente así? No del todo. Muerto Stalin, a mediados de la década de los años 50, ambos enemigos llegaron a la conclusión de que era imposible conseguir la victoria total, y que lo más sensato era alcanzar algún tipo de convivencia, sin bajar la guardia, desde luego. A esta situación se le llamó Guerra Fría, y consistía en mantener una paz quebradiza basada en la amenaza permanente de la guerra nuclear; guerra que nunca tendría lugar, pues supondría la destrucción total del Planeta.
Anteriormente he afirmado que tanto en el Siglo XIII a. C. como en la segunda mitad del Siglo XX se mantuvo la paz en el núcleo de los Estados que llegaron a acuerdos en Qadesh y en Potsdam, pero que las guerras asolaron la periferia de ambos sistemas de equilibrio estratégico y, a la postre, fueron los conflictos de esa periferia los que minaron toda la estructura económica, política y militar que había permanecido firme durante décadas.
Si bien el país de Hatti y Egipto colaboraron de buena gana en el mantenimiento de los acuerdos de Qadesh, amplias zonas del Egéo, los Balcanes, Anatolia Occidental, Norte del Mar Negro y Desierto de Libia escapaban al control de ambas potencias. Generalizando, los que representaban un peligro más grave para la estabilidad de aquel mundo eran los aqueos (ahhiyawas), que habían luchado en los ejércitos de hititas como mercenarios y aliados en numerosas ocasiones. Sin embargo, los monarcas aqueos se encontraban en un período de fuerte afirmación de su autoridad, reclutando poderosos ejércitos que utilizaban con el objetivo de conseguir el control del comercio marítimo en el Mediterráneo Oriental. Esta es la coyuntura que provoca un episodio que conocemos como la Guerra de Troya, en la cual una coalición de Estados aqueos lucha por el control de los estrechos que comunican el Mar Egéo y el Mar Negro. Las presiones de los aqueos y otros pueblos de Anatolia sobre el Imperio Hitita fueron formidables a finales del Siglo XIII a. C.; a ello se sumó un gran movimiento de pueblos que tuvo su origen en la costa del Mar Negro y el Bajo Danubio, que acabó por irrumpir en la zona occidental de Anatolia. Entre estos recién llegados destacaban diferentes grupos de lengua traco-frigia, indoeuropeos que se desplazaban por las llanuras del Este de Europa. Como consecuencia el Imperio Hitita se desmoronó y desapareció definitivamente. Muchos de estos pueblos sirvieron durante años en los ejércitos de Hatti y Egipto; es más, el grueso del ejército egipcio estaba formado por ellos. Los hititas intervinieron a menudo en las frecuentes guerras de los aqueos y otras gentes de la zona, pero solo consiguieron desgastarse y mantener una precaria estabilidad; además, el desarrollo de la actividad bélica acabó alimentándose a sí mismo, provocando una espiral de violencia que asoló todo el Mediterráneo Oriental entre finales del Siglo XIII y mediados del XII a. C.



En la imagen de arriba puede verse que algunos Estados, principalmente en Mesopotamia, aunque no participaron en los acuerdos de Qadesh, hubieron de aceptar el sistema de dos potencias hegemónicas que controlaban las relaciones internacionales. De la misma forma, en la periferia, numerosos Estados y grupos humanos actuaban a veces en consonancia con el sistema y otras contra él. Entre estos últimos destacaban los aqueos, que dependían del comercio con Oriente, pero que a la vez mantenían una conducta agresiva y expansiva. El caso más significativo eran los shardana, mercenarios que servían en cualquier lugar de Oriente, pero que se convertían en feroces saqueadores cuando veían la ocasión.
             Guerreros shardana en un bajorrelieve egipcio.

Durante la segunda mitad del Siglo XX también abundaron los enfrentamientos bélicos en las zonas de la periferia de los dos bloques en los que se dividía el mundo. La principal preocupación, tanto de USA como de la URSS, era mantener la fidelidad de sus respectivos aliados, cuidando de que los gobiernos colaborasen y mantuviesen un cierto nivel de obediencia. Para conseguir esto último era imprescindible otorgar a los aliados y dependientes alguna participación en las decisiones; de esto último fueron los USA los primeros en percatarse; por esa razón se apresuraron en fundar en 1949 la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sistema de defensa colectivo ante la amenaza soviética. La URSS, tardó unos cuantos años más en organizar algo parecido, en parte porque suponía dar una autonomía mayor a los Estados de Europa Oriental que aún estaban ocupados por los soldados soviéticos. En 1955 se firmó el Pacto de Varsovia, alianza militar de defensa mutua de los Estados socialistas cuyo objetivo era responder a la creación de la OTAN.
Es curioso comprobar que la OTAN se fundó el mismo año en que Mao Zedong proclamó la República Popular China y que el Pacto de Varsovia se firmo dos años después de la muerte de Stalin y al poco de la ruptura con China.
La capacidad de ambas potencias mundiales de mantener cerradas las filas no fue demasiada, a la vista de las diferencias que surgieron con los aliados más importantes y las deserciones de algunos satélites. El golpe más duro lo recibió la URSS, cuando, tras la Guerra de Corea, la República Popular China decidió desembarazarse de la tutela de Moscú, alegando el acercamiento de la diplomacia soviética a Occidente.

                       Mao Zedong declara la República Popular China en octubre de 1949.

Las diferencias entre la URSS y China dividieron al bloque socialista e impidieron que Asia se vertebrase políticamente en un solo frente, lo que hubiese sido una catástrofe para la OTAN. Estas desavenencias entre los dos grandes Estados socialistas complicaron enormemente las relaciones diplomáticas en Asia y contribuyeron a la proliferación de una multitud de cruentas guerras.
Tanto USA como la URSS intentaron constantemente socavar el poder y el prestigio de su respectivo antagonista en aquellos lugares del planeta donde hubo ocasión. En Europa, corazón de los acuerdos de Potsdam, la URSS desplegó una campaña de agitación y propaganda que hizo palidecer a las campañas de la Alemania nazi. Su objetivo era inocular la ideología comunista entre la clase trabajadora y en la universidad. Si bien se alcanzaron excelentes resultados, pronto se vio que la socialdemocracia impuesta en Europa Occidental acababa por desarmar los argumentos comunistas. En 1968 el intento de agitar a la sociedad europea funcionó a manera de búmeran y fue entre los aliados del Pacto de Varsovia donde saltó la revuelta contra las estructuras y modelos comunistas. En Praga el movimiento socialdemócrata acaudillado por Alexander Dubcek emprendió profundas reformas democráticas que precipitaron la invasión de Checoslovaquia por el ejército del Pacto de Varsovia en agosto de 1968. La OTAN permaneció muda ante estos acontecimientos, señal de que el sistema de bloques era un sistema de equilibrio.

                  Tanques del Pacto de Varsovia en Praga, 1968.

Praga estaba demasiado cerca del lugar donde se acordaron los pactos de Potsdam y por esa razón USA no se movió ni un milímetro, aquella revuelta era demasiado peligrosa y podía derrumbar todo el sistema de bloques; al fin y al cabo se trataba de lesionar al enemigo, no de retarlo a muerte.
La URSS tuvo más suerte en lo que se denominaba el "patio trasero de Estados Unidos", es decir, América Central y América del Sur. En aquellas tierras tenía USA grandes intereses económicos, sobre todo en materias primas y recursos energéticos. La propaganda soviética arraigó fácilmente allí, entre un campesinado sometido aún a relaciones de producción casi feudales; el triunfo de la revolución cubana y la proliferación de guerrillas de ideología socialista fue un contratiempo importantísimo para la estrategia de los Estados Unidos. El conflicto llegó a su máxima tensión durante la denominada "crisis de los misiles de Cuba" en 1962, cuando la URSS instaló varias bases en aquel país desde las cuales amenazó el territorio estadounidense con misiles nucleares. La cris se solucionó finalmente con un cambio de cromos, los soviéticos desmantelarían sus bases de cuba si a la ves USA lo hacía con las suyas de Turquía; se trataba de asustar al oponente, no de aniquilarlo con una lluvia de explosiones nucleares. Sin embargo, el auténtico objetivo de Jrushchov, Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, se había alcanzado, la Revolución Cubana estaba a salvo y la ideología comunista había penetrado en América con éxito.

                             Che Guevara y Fidel Castro, líderes revolucionarios de Iberoamérica.

La guerra periférica de mayor importancia en que se vio involucrada USA fue la Guerra de Vietnam, en la que sufrió una humillante derrota y la pérdida de la población estadounidense de la infinita confianza en sí misma. El conflicto duró 15 largos años y en él murieron casi 60.000 norteamericanos, número terrible de bajas, aún sin contar los 300.000 heridos en combate. Las cifras de aquella guerra son pavorosas; el ejército de Vietnam del Sur tuvo 250.000 muertos y el de Vietnam del Norte más de 1.000.000.
Tras la Guerra de Vietnam los estrategas de USA cambiaron su enfoque y decidieron enfrentarse a la URSS en las zonas periféricas de manera indirecta. A finales de la década de los setenta los conflictos periféricos se centraron en Próximo y Medio Oriente; la inestabilidad de la zona era muy grande y a ello se sumaba su importancia estratégica, pues en ella se encontraban las mayores reservas de petróleo del planeta. Aquí USA apoyó con armas y recursos a los grupos de ideología islámica para hostigar a la URSS en aquellos territorios; sin embargo, el cuadro era demasiado complejo debido a la multitud de grupos enfrentados e intereses diversos y al desaparecer la URSS en 1991 quedó en evidencia que mantener el control en la zona era prácticamente imposible; sobre todo por los enemigos que se granjeó USA debido a su férrea alianza con Israel. Ya en 1990 USA se vio obligada a abandonar su estrategia de no involucrarse directamente en los conflictos armados y hubo de invadir Irak, enfrentándose a Sadam Hussein, enemigo y aliado alternativamente.

Soldados norteamericanos en la Primera Guerra del Golfo.


Se ha dicho muchas veces que la Guerra de Afganistán fue el Vietnam de la Unión Soviética; esto es verdad solo a medias. Es cierto que en ambos casos la potencia hegemónica salió derrotada de forma humillante y que tras la guerra se produjo un sentimiento de frustración y pérdida de la autoestima nacional entre la población, pero, a pesar del enorme daño que causó Vietnam a USA, las consecuencias de Afganistán para la URSS fueron muchísimo mayores. Estados Unidos tardó más de una década en recuperarse de aquel fracaso militar y político, pero la sociedad acabó por asimilar lo que había ocurrido de forma positiva; en el caso de Afganistán, aquella derrota supuso un golpe del que el Estado y la sociedad soviética no consiguió recuperarse, hasta el punto de que poco después toda la estructura del régimen se desmoronó. La URSS era un Estado en quiebra desde el punto de vista económico y desde el punto de vista moral; nadie creía en el sistema, que estaba penetrado profundamente por la corrupción y la incompetencia paralizante; todo se reducía ya a pura retórica. En 1991, tras una fase de titubeantes reformas la URSS desapareció y con ella todo el aparato político que la dirigía; el sistema de bloques pasaba a la Historia y la etapa que se abrió en Potsdam se cerraba en un ambiente crepuscular para el modelo comunista.
Tanto Qadesh Como Potsdam habían conseguido que la violencia se desplazase del interior a la periferia; en el Siglo XIII a. C. Hatti y Egipto vivieron un largo período de paz en el interior de sus respectivas zonas de influencia, pero las fuerzas económicas y militares del exterior se agitaron sin cesar hasta que la situación cambió totalmente y el sistema se vino abajo.
Estados Unidos y la URSS vivieron una época de paz dentro de sus fronteras y no llegaron a la guerra declarada entre ambos durante décadas, pero América del Sur, áfrica y Asia se desangraron en guerras violentas casi siempre teledirigidas desde Washington o Moscú.

domingo, 21 de septiembre de 2014

MONARQUÍAS MICÉNICAS. II

                         Barco cretense.


Fue hacia 2000 a. C. cuando, procedentes del norte de los Balcanes, diferentes grupos humanos que hablaban dialectos del griego muy próximos entre sí comenzaron a establecerse en lo que hoy en día es la Grecia continental.Los distintos grupos poseían una cultura material semejante, perteneciente al período que se conoce como Heládico Medio (2000-1500 a. C.). Esta etapa comienza con destrucciones generalizadas de los asentamientos anteriores, cuyos causantes debieron ser, sin duda, los grupos recién llegados del norte a los que hemos hecho referencia. Se trata de indoeuropeos, pues hablan varios dialectos del griego, lengua que pertenece a ese tronco lingüístico. Con su llegada desplazan o se mezclan con los pueblos que ya se encontraban establecidos en Grecia, conocidos desde la antigüedad con el nombre de pelasgos. Una vez establecidos, viven en poblados sin fortificaciones, en casas con zócalo de piedras, paredes de adobe y estructura de madera; cuando mueren, son enterrados por el rito de la inhumación en fosas o en cistas. Estos primeros helenos llevan una vida sencilla, no conocen la escritura y se dedican a la agricultura y la ganadería. El grupo que más destaca entre ellos es el de los aqueos, llamados así por Homero siglos después en La Ilíada. Los aqueos se instalan principalmente en la península del Peloponeso, otros contingentes pertenecientes al mismo grupo lo hacen en Tesalia, los dos territorios de donde proceden los héroes más importantes del poema homérico.

Otro grupo importante son los jonios, que se establecen en el Ática, Eubea y las islas Cícladas.

          Aqueos y jonios.

Apenas llegados a Grecia estos pueblos helenos entraron en contacto con los cretenses. En la isla de Creta la civilización minoica alcanza su madurez hacia 2000 a. C., y es en este momento cuando se construyen los primeros palacios, como el de Cnosos. Los cretenses practicaron un intenso comercio marítimo en todo el Mediterráneo Oriental e influyeron decisivamente en el desarrollo de la civilización micénica, que gracias a estos contactos aumenta su riqueza, evoluciona hacia una sociedad más compleja y comienza a utilizar el tipo de escritura silábica conocido como Lineal B, que viene a ser una versión micénica del Lineal A, escritura minoica. Cuando en Micenas o en Pilos se construyen los primeros palacios, el modelo escogido es el de los grandes palacios cretenses como Cnosos o Faistos, e incluso se contrata a arquitectos cretenses para que proyecten las obras; para la decoración interior de estos palacios también se llama a artistas y artesanos de Creta.

                                Pintura mural del palacio de Tirinto.


En 1700 a. C. tuvo lugar un fortísimo terremoto que destruyó los palacios de Creta. La catástrofe debió ser grande, sin embargo los cretenses se rehicieron con asombrosa rapidez, reconstruyeron los palacios a una escala mayor y en poco tiempo entraron con ímpetu en la etapa de mayor esplendor de la civilización minoica. El comercio marítimo es el mejor exponente de este período de apogeo de Creta; los barcos cretenses navegan hasta Egipto y el intercambio de mercancías es intenso en este momento; también visitan las costas de Siria y se convierten en los principales intermediarios entre Asia y Europa; fundan puestos comerciales y colonias en las islas del Egeo, mar sobre el que dominan. Los contactos con Grecia continental en estos tiempos son importantísimos y la influencia sobre los estados micénicos decisiva. Un siglo después del gran terremoto comienzan los enterramientos en el círculo A de tumbas de Micenas, momento que señala el comienzo de unas monarquías firmemente establecidas en la región. Testigos de los estrechos contactos entre ambas civilizaciones son los ajuares de las tumbas, en los que abundan objetos importados de los talleres de Creta.
El nuevo período en el que entra la civilización Micénica es conocido con el nombre de Heládico Reciente y se prolongará hasta la destrucción de los palacios micénicos alrededor del 1200 a. C.
El enriquecimiento de los estados micénicos en esta etapa está relacionado sobre todo con la intensificación de la actividad comercial. En los almacenes de los palacios se guardan los excedentes de la producción agrícola y ganadera de los territorios que integran el reino; allí se ingresan los tributos, cuya contabilidad se encuentra en manos de los escribas. Todos estos bienes son utilizados más tarde para mantener intercambios comerciales con cretenses, anatolios, sirios y egipcios y obtener grandes beneficios.  Uno de los capítulos más importantes de esta actividad mercantil se basa en la riqueza de las minas de cobre del Epiro y Tesalia, ambas en manos de los micénicos; metal que exportaban a Creta y que era muy demandado por ser imprescindible para producir bronce.
A mediados del siglo XV los griegos se encuentran en un momento de gran expansión económica y demográfica; comienzan a colonizar las islas del Egeo y la costa de Anatolia y entran en abierta rivalidad con los cretenses por el dominio de las rutas comerciales.
El desarrollo económico y el afianzamiento de la monarquía durante esta época corren paralelos a un aumento del militarismo de la sociedad micénica. La importancia simbólica de las armas es importante y la imagen del guerrero aumenta su valor entre unas gentes que tratan de imponerse en todo el mar Egeo. A su vez la autoridad real y el militarismo son fenómenos recíprocos, pues la formación de ejércitos aumenta el poder del rey; de la misma forma que solo una monarquía fuerte es capaz de reclutar un número mayor de combatientes.
En este ambiente de expansión económica y militar los aqueos invadieron la isla de Creta hacia el 1450 a. C. Es cierto que los cretenses se encontraban ya en una cierta decadencia debido a las catástrofes naturales y a las luchas internas, pero de todos modos fueron los aqueos procedentes del Peloponeso quienes destruyeron definitivamente los palacios y acabaron con la civilización Minoica. Posteriormente se produjo una colonización de la isla por gentes procedentes de la Grecia continental. Los nuevos pobladores aqueos reconstruyeron Cnosos y fundaron un estado que abarcaba toda la isla de Creta excepto el extremo oriental; de los archivos de este nuevo palacio procede la mayor colección de tablillas de Lineal B que poseemos, más de 4000 en total.
A partir de este momento los aqueos se hacen con el control de todas las rutas comerciales que ponen en contacto a Europa, Asia y Egipto, es la época en la que se construyen los grandes palacios de Micenas y Pilos, y es en el siglo XIII cuando se construyen las grandes tumbas monumentales de tipo Tholos. El expansionismo, lejos de detenerse, continúa a un mayor ritmo y es muy probable que los hechos que Homero narra en La Ilíada se inspiren en los intentos de los aqueos por controlar los accesos al mar Negro y la colonización de la costa de Anatolia.

                                     Yelmo micénico.

En los textos hititas parece haber  pruebas de que los aqueos colonizaron la costa oeste de la península de Anatolia. En uno de estos textos se menciona a un personaje que parece ser rey de  Ahhiya, es decir, del reino de los aqueos. En otro texto, el rey hitita Mursili II (1339-1306 a. C.)  se enfrentó con un rey de Ahhiyawa a finales del siglo XIV al que derrotó. Algunos investigadores sugieren que este reino de Ahhiyawa se encontraba en la costa egea, detrás del reino de Arzawa, próximo por tanto a Hatti, país de los hititas. Es posible que uno de los asentamientos más importantes de estos aqueos de Anatolia fuese la ciudad que los textos hititas conocen con el nombre de Milawanda y que ha sido identificada con Mileto.

Ahhiyawa en Anatolia Occidental en el Siglo XIV.



Pero hay que tener en cuenta que Milawanda a menudo aparece en las tablillas como un reino independiente de Ahhiyawa, lo que puede interpretarse como una prueba de que los aqueos de Anatolia no estaban unificados en un solo reino, sino que existían varios estados independientes. Sin embargo, en las tablillas que comentan hechos ocurridos en tiempos de Mursili II siempre se habla de Ahhiyawa como un solo reino que mantiene una firme alianza con la ciudad de Milawanda. Fuese como fuese, el reino de Ahhiyawa aparece siempre en los textos hititas formando y rompiendo alianzas a favor o en contra de los reinos de Anatolia Occidental aliados de los hititas. A finales del siglo XIV el aliado en ocasiones y el enemigo en otras es el reino de Arzawa. Como hemos mencionado antes, Mursili II hubo de hacer frente a una coalición entre Ahhiyaway Arzawa, venció a ambos y saqueó Milawanda.
A finales del reinado de Mursili II Anatolia Occidental estaba pacificada y todos los reinos de la región se habían sometido a Hatti, incluido Ahhiyawa.
Durante el reinado de Muwatali II ( 1306-1282 a. C. ), sucesor de Mursili II, las relaciones entre Ahhiyawa y Hatti fueron cordiales al principio, después fueron empeorando; por aquellos tiempos el imperio hitita alcanzó su máxima extensión y tras la batalla de Qadesh en 1286 a. C. vino una época de paz y buen entendimiento entre Hatti y Egipto, las dos grandes potencias del momento.


Próximo Oriente hacia 1300 a. C.

La batalla de Qadesh fue el enfrentamiento con carros más grande de la Historia; también supuso el fin de una época y el establecimiento de un equilibrio internacional entre las dos grandes potencias que eran Hatti y Egipto. Los reyes que enviaron a los ejércitos a combatir fueron Muwatali II por parte de los hititas y Ramsés II por parte de los egipcios. La causa del conflicto fue la ambición de ambos reyes por poseer Siria, región importantísima en aquella época, por ser uno de los mercados más activos de Próximo Oriente, que ponía en comunicación las rutas comerciales de Mesopotamia, Egipto y el Mediterráneo Oriental. Fue Ramsés II quien dio comienzo a las hostilidades avanzando con su ejército dividido en cuatro cuerpos hacia Qadesh por el camino de Gaza. La batalla tuvo lugar en las proximidades de la ciudad de Qadesh, y aunque los dos ejércitos combatieron valientemente y en apariencia el resultado quedó en tablas, lo cierto es que Ramsés hubo de retirarse y los hititas mantuvieron el control de Qadesh.

Pero Muwatali II no pudo disfrutar durante mucho tiempo de su victoria, pues murió en 1282 a. C. Le sucedió su hijo, Mursili III, que en 1275 fue destronado por su tío Hattusili III (1275-1250 a. C. ). El nuevo monarca se apresuró a firmar un tratado de paz con Ramsés II, en el cual el rey egipcio renuncia a Qadesh y las tierras del río Orontes, se acuerda la ayuda mutua de ambos imperios en caso de peligro y se establece la extradición de los enemigos de Hatti y Egipto respectivamente. Para reafirmar el tratado de paz se llevan a cabo enlaces matrimoniales en los que intervienen ambas partes.

                   Tabla de arcilla conteniendo el Tratado de Qadesh.

Este tratado proporcionó paz y orden durante varias décadas a Siria y Palestina; los negocios florecieron y el imperio hitita y Egipto se beneficiaron de todo ello. También obtuvieron beneficios los reinos micénicos de la Grecia continental, pues sus flotas mercantiles arribaban sin problemas a los puertos de Ugarit, Biblos, Tiro y Gaza y establecían colonias comerciales con sus oficinas y almacenes. Fue esta una época de enriquecimiento general del mundo micénico, que es conocida por los arqueólogos como Heládico Reciente III b; es evidente en ella un crecimiento de la población y una expansión de los asentamientos. Destaca en todos los aspectos la península del Peloponeso, donde el reino de Micenas no solo es el más rico, si no el que probablemente abarca un mayor territorio, toda la Argólida y quizás también Arcadia Oriental y Laconia. Pilos es el otro gran reino del Peloponeso, que se extendía por Mesenia y Arcadia Occidental y debía tener una población que rondaba los 50.000 habitantes. El reino aqueo de Creta, con capital en Cnosos, también es uno de los más grandes de la Grecia Micénica, pues se extiende por toda la isla, exceptuando su extremo oriental. Otros centros importantes eran Tebas y Orcómeno en la región de Beocia y Yolco en Tesalia.
El Heládico Reciente III b abarca todo el siglo XIII a. C. y en él se llevan a cabo las mayores construcciones y obras de ingeniería del mundo micénico. Este es el momento en el que se construyen las tumbas monumentales de tipo tholos en Micenas, símbolos del poder real, y es también cuando se construyen las murallas ciclópeas de Micenas y Tirinto, obras defensivas, pero también símbolos del poder del rey y del estado, muy al estilo hitita, la nueva fuente de inspiración para la civilización micénica desde la destrucción de los palacios cretenses. La puerta de los Leones de Micenas, que se construye en esta época, no solo es una muestra de la habilidad de los arquitectos micénicos, si no que a su vez es un instrumento de propaganda con el que se pretende impresionar al visitante, todo ello muy en la línea hitita.  Sin embargo, la obra de ingeniería más grandiosa de la civilización micénica es la desecación del lago Copais, llevada a cabo por los habitantes de la ciudad de Orcómeno, situada en su borde occidental, para asegurarse la obtención de magníficas tierras de cultivo. Numerosos arroyos y varios ríos desaguan en el lago; la obra consistió en conducir las aguas hacia los drenajes naturales, rodeando con diques el lago, y en ampliar y acondicionar aquellos mediante canales y obras subterráneas, para lo que hubo que practicar un túnel de más de dos kilómetros de longitud; las aguas eran de este modo conducidas hacia el golfo de Eubea. Este gran proyecto fue realizado en el siglo XIV a. C.  

El lago Copais en la antigua Beocia.


Lo más sorprendente de todo es que aquella brillante civilización estaba a punto de desaparecer. Hacia 1200 a. C. los palacios fueron destruidos y extensas zonas de Grecia Continental quedaron despobladas. También Creta sufrió las destrucciones, el palacio de Cnosos ardió y de esta forma las tablillas de arcilla, cocidas por el fuego, se preservaron para la posteridad. Destruidos los palacios y desaparecidos los reyes, toda la burocracia palatina y los escribas también desaparecieron con ellos, se abandonó la escritura y todo aquel mundo entró en una edad que llamamos Oscura por la ausencia de documentos escritos y la escasez y pobreza de restos materiales. Unos años antes de la gran catástrofe, estando los reinos micénicos en su apogeo, se detectan movimientos defensivos como precaución por algún peligro; se fortalecen las murallas, se hace acopio de armas. Pero ningún testimonio es claro sobre como evolucionó la situación a finales del siglo XIII y qué fue lo que ocurrió con exactitud. Hay, no obstante, un dato que nos pone sobre una buena pista; al mismo tiempo en que ocurre la destrucción de los palacios de Micenas, Tirinto, Pilos y Cnosos, desaparece, como llevado por un vendaval, el imperio hitita.
Algo terrible debió ocurrir a finales del siglo XIII para que uno de los dos imperios que dominaban el mundo conocido en aquel tiempo, Hatti y Egipto, desapareciese. Ambas potencias, tras la batalla de Qadesh, habían firmado un tratado que estabilizaba política y militarmente todo el Mediterráneo Oriental. De aquel pacto surgió un equilibrio que en realidad era bastante precario, pues bastaba que uno de los dos pilares en que se basaba cediese, para que toda la estructura se viniera abajo; y el pilar que cedió fue Hatti.
¿Qué le ocurrió a aquel gran estado que abarcaba la mitad oriental de la Península de Anatolia y Siria para derrumbarse tan rápida y radicalmente como lo harían también las monarquías micénicas? Lo que parece claro es que Hattusa, capital del reino hitita fue destruida o abandonada en la misma época en que ardió Micenas.
Aparentemente Hatti era la potencia más fuerte de las dos que firmaron el tratado de Qadesh; poseía un ejército imbatible, que contaba con una unidad de elite que eran los carros de guerra, mucho más eficaces que los egipcios, pues habían llevado a cabo unas mejoras tecnológicas en el eje que permitían transportar dos combatientes, además del auriga, en lugar de uno solo. Sobre estos carros combatían guerreros pertenecientes a la nobleza, aunque la propiedad de los vehículos fuese del rey. Esta característica también se da en los reinos micénicos, donde los carros también son propiedad del rey, quien los almacena en lugares dispuestos para ello, y entrega para el entrenamiento y el combate a guerreros pertenecientes a la aristocracia micénica. 

                                            Carro micénico (Tirinto).

                                      Carro hitita.

Por otra parte, el ejército hitita era un conglomerado compuesto por unidades pertenecientes a los reinos y pueblos aliados o sometidos al gran rey de Hattusa. Como ejemplo podemos decir que en la batalla de Qadesh acompañaron al ejercito hitita compañías de carros e infantería de Mittanni, Wilusa, Pitassa, Kizzuwatna, Lukka, Karkemish, Ugarit y otros.
Aunque el país de Hatti había derrotado a todos sus enemigos, se veía obligado a mantener en pie un ejército poderoso para defender sus fronteras, pues estas estaban constantemente amenazadas, sobre todo por los asirios al este y por los pueblos montañeses llamados gasgas al norte. La amenaza de los gasgas era especialmente peligrosa, pues tenían por costumbre realizar incursiones de pillaje en el rico país de Hatti.  
En la zona occidental de Anatolia la situación también era inestable. Allí los diversos reinos formaban o deshacían alianzas unas veces a favor y otras en contra de los hititas. Se observa en esta zona una progresiva penetración de los aqueos desde principios del siglo XV. Esta expansión aquea no cesa tras el tratado de Qadesh, más bien al contrario, la actividad militar de Ahhiyawa  aumentó durante el siglo XIII.
 En tiempos de Muwatali II (1306-1282 ) los aqueos de Anatolia mantuvieron una alianza con el imperio hitita. Aquella fue una época difícil para el Gran Rey de Hatti, porque los gasgas, desde las montañas del norte, llevaron a cabo una ofensiva que batió las defensas de los hititas, y Muwatali tuvo que abandonar Hattusa y establecer la capital más al sur, en Tarhundasa, un lugar más seguro. Las buenas relaciones entre los aqueos y Muwatali cambiaron entonces, sobre todo cuando un principe hitita enemigo del Gran Rey, llamado Piyamaradu, pidió refugio en el reino de Ahhiyawa. Este príncipe estrechó relaciones con la ciudad de Milawanda y todos los aqueos de Anatolia se pusieron de su lado. Poco después, los aqueos y Piyamaradu invadieron Wilusa, ciudad que ha sido identificada con la Ilión de Homero, es decir, Troya. Algunos autores se han atrevido incluso a identificar a Piyamaradu con Príamo, rey de los troyanos. Es posible que en todo esto haya algo de cierto; los acontecimientos a que hemos hecho referencia debieron de ocurrir en los primeros años del reinado de Muwatali II, probablemente a principios del siglo XIII; en aquel tiempo los reinos micénicos de Grecia Continental se hallaban en su apogeo y no es imposible que los aqueos del Peloponeso y Tesalia apoyasen a sus parientes de la Península de Anatolia. Nosotros, no obstante, pensamos que no hay razones sólidas para identificar a Piyamaradu con Príamo, pues este último es presentado como enemigo de los aqueos en la epopeya homérica. Además, cronológicamente la guerra de troya debe situarse a finales del siglo XIII y no al principio. En todo caso, estos hechos se encuadran en un período de expansión del mundo micénico que acabaría brúscamente hacia 1200 a. C. con la destrucción de los palacios. Sin embargo, Muwatali pudo reconducir la situación a partir de su victoria en Qadesh; apoyado por el sur de Anatolia y sus aliados de Siria, expulsó a Piyamaradu y los aqueos de Wilusa.
 Cuando murió Muwatali II, Piyamaradu, los aqueos de Ahhiyawa y la ciudad de Milawanda apoyaron a Mursili III (1282-1275 ), hijo del anterior monarca, en su lucha contra Hattusili III (1275-1250 ), su tío. Hattusili III, había alcanzado fama de gran guerrero tras la victoria de Qadesh, pues él había sido el comandante del ejército hitita. Más tarde, cuando subió al trono su sobrino Mursili, luchó valientemente contra los gasgas hasta que los expulsó de Hattusa, los puso en fuga y reconquistó la ciudad santa de Nerik. Convertido en héroe tras estas victorias, fue víctima de la envidia del rey, y viéndose en situación comprometida se rebeló contra su sobrino Mursili, a quien arrebató el trono. Como hemos dicho los aqueos estuvieron de parte de Mursili en este conflicto, y después, tras la subida al poder de Hattusili III, volvieron a invadir Wilusa junto con Piyamaradu.Conocedores los aqueos de las dificultades por las que pasaba Hattusili, invadieron la región de Lukka, al sur de la Península de Anatolia. Victoriosos los de Ahhiyawa, impusieron como rey de la región al príncipe aqueo Tawagalawa, hermano del rey de Ahhiyawa. Entonces,la gente de Lukka, dirigidos por Tawagalawa y aliados con los aqueos atacaron Hatti por el sur, llegando a dominar toda la costa hasta Kizzuwatna. Por estos acontecimientos se vio en gran aprieto Hattusili, rey de los hititas, pues toda Anatolia Occidental y la costa sur eran rebeldes y enemigas de Hatti. Piyamaradu lanzó en aquel momento un ataque desde Milawanda con la intención de amenazar el corazón de Hatti desde el oeste. Sin embargo fracasó, por que Hattusili consiguió derrotar a Piyamaradu y expulsar de nuevo a los aqueos de Wilusa. Más tarde, Tawagalawa también fue expulsado de Lukka y Ahhiyawa tuvo que resignarse a admitir el poder de Hattusili.

Expansión de los aqueos de Anatolia a mediados del Siglo XIII.

Hattusili había conseguido una gran victoria, pero había quedado claro que Anatolia Occidental no se dejaba someter. A mediados del siglo XIII los aqueos, Arzawa y Lukka mantenían su alianza y el Gran Rey de Hatti se apoyaba cada vez más en sus aliados y súbditos de Siria.
La situación no cambió durante el reinado de Tudhaliya IV ( 1250-1220 ), hijo y sucesor de Hattusili III; Hatti seguía siendo poderoso, pero solo gracias a la paz con Egipto conseguía mantenerse frente a sus enemigos. En 1220 los pueblos de Anatolia Occidental se aliaron entre ellos y llevaron a cabo una expedición de pillaje por la costa de Siria. Finalmente llegaron al delta del Nilo, donde acordaron unir sus fuerzas a los libios para saquear Egipto. Les salió al encuentro el faraón Merenptah, quien los derrotó en la región occidental del delta. Entre los pueblos que formaban la coalición, además de los ekwesh ( aqueos ), estaban los lukka ( licios), shekelesh, teresh, meshwesh y shardana. Así se les nombra en varias inscripciones en Karnak, El Cairo, Atribis y Tebas, donde se conmemora la gran victoria de Merenptah. En estas inscripciones se alude a estos pueblos con el nombre de la Confederación de los Nueve Arcos, y evidentemente se trata de una expedición de piratas, entre los cuales figuran de manera sobresaliente los shardana, saqueadores y mercenarios, y los ekwesh, es decir, probablemente los aqueos. 
Aquellos acontecimientos fueron la antesala de lo que vendría después y ponen de relieve el interés de los monarcas micénicos por controlar totalmente las rutas comerciales del mar Negro y los puertos de Siria y Palestina. Las consecuencias fueron especialmente duras para el imperio hitita, pues afectó a su frontera sur, único flanco que mantenía una clara estabilidad hasta entonces. 

Rutas comerciales del Mediterráneo Oriental en el Siglo XIII a. C.

El siglo XIII a. C. corresponde al período que la arqueología conoce como Heládico Reciente III B; esta etapa es la de mayor explendor de la civilización Micénica. A finales de este siglo los aqueos controlaban todas las rutas comerciales del Mediterráneo Oriental, tenían importantes colonias en la isla de Chipre y habían establecido puestos comerciales en Ugarit. En aquel tiempo el imperio Hitita se debilitaba progresivamente y los aqueos de Anatolia se aliaban con otros pueblos de la Península con el objetivo de hacer retroceder hacia el este a los ejércitos de Hattusa. La expedición de piratas que Merenptah consiguió derrotar era un ataque directo a los más fieles aliados de Hatti, las ciudades de Siria y Egipto. Es importante considerar que uno de los integrantes de esta coalición de piratas eran los shardana, que ya eran viejos conocidos de los egipcios, pues habían formado parte del ejército que Ramsés II había conducido hasta Qadesh; eran por tanto un pueblo de mercenarios que cambiaban de patrón según las circunstancias; si en Qadesh luchaban por Ramsés, en el delta estaban con los aqueos. ¿Pero qué aqueos eran aquellos? Lo más seguro es que fueran los de Ahhiyawa yMilawanda, pero también es posible que fuesen gentes del Peloponeso o de las islas del Egeo. Desde hace mucho tiempo la Historiografía ha incluido estos acontecimientos de los tiempos de Merenptah dentro de un fenómeno histórico que se ha denominado "La Invasión de los Pueblos del Mar". Este último término, sin embargo, induce a confusión, es inexacto en ocasiones y permite llamar con el mismo nombre a cosas distintas.
Fuesen quienes fuesen aquellos ekwesh, no podemos suponer de ninguna manera que los reinos micénicos estuviesen unificados bajo una sola monarquía como se desprende de la lectura de La Ilíada. Más bien al contrario, esta fue una época de luchas entre los reinos de Grecia continental, pues en ella se construyen las murallas que rodean a las ciudadelas donde residen los reyes y su aparato administrativo. Fue un tiempo en el que aumentó la piratería y la guerra para menoscabo de las dos grandes potencias de la época, Hatti y Egipto.
A finales del siglo XIII, encontrándose Hatti debilitado, se produjo un fenómeno que se ha repetido varias veces en la Historia, teniendo en cuenta las diferencias de cada momento concreto. Es lo que puede llamarse "Vasos Comunicantes". Este fenómeno consiste en el trasvase de una masa de población de un espacio geográfico a otro cercano, porque en este último se ha producido un vacío demográfico o un vacío de poder político. Esto mismo es lo que ocurrió entre la Península de los Balcanes y la Península de Anatolia a finales del siglo XIII a. C. La causa fue el vacío de poder que dejaron los hititas al irse retirando poco a poco hacia Siria empujados por los pueblos de Anatolia. La situación resultante fue una época de exaltación bélica y la proliferación del pillaje y la piratería. Como consecuencia, y encontrando un terreno favorable, distintos pueblos de la Península de los Balcanes cruzaron a Anatolia y destruyeron lo que quedaba del imperio hitita. Los reinos micénicos mantenían relaciones comerciales desde mucho antes con estos pueblos balcánicos y con gentes que vivían en las costas del Mar Negro; es posible que establecieran alianzas con ellos o que pasasen a Anatolia como mercenarios. Pero también es posible que cruzasen los estrechos que separan Europa de Asia en busca de botín, conocedores de la situación de indefensión de la zona como consecuencia de la retirada de los hititas. Todo son conjeturas, excepto que los frigios y otros tracios invadieron Anatolia a principios del siglo XII. Aquello acabó definitivamente con los hititas, Hattusa ardió hasta los cimientos y frovocó un efecto dominó entre otras muchas poblaciones que se desplazaron buscando donde asentarse unos, practicando el pillaje y la piratería otros como único medio de supervivencia. Tómese como ejemplo la carta que le escribe el rey de Ugarit al rey de Alasiya ( Chipre) informándole de que unos barcos repletos de enemigos están saqueando su tierra y que él no puede defenderse, pues ha enviado a todos sus guerreros junto a Shubiluliunma II, último rey de Hatti. Poco después Hattusa sería destruida y Ugarit y Alasiya serían totalmente saqueadas. Estos agresores de los barcos han sido identificados con los denominados Pueblos del Mar; gentes de Anatolia, del Egeo y del norte de Siria. En las cartas de Ugarit se habla de los shekelesh, probablemente los cilicios; los mismos que, junto a los ekwesh y los shardana, lucharon contra Merenptah en el delta del Nilo.
 Las destrucciones no solo afectaron a Anatolia, Siria y Palestina; también Grecia Continental sufrió los ataques de estas bandas de piratas. Los palacios de Pilos y Micenas ardieron, poblaciones enteras huyeron a lugares más seguros y, finalmente, la civilización Micénica se desplomó para no volver a levantarse. En las tablillas de Pilos se menciona a unos seguidores que tenían por misión vigilar las costas y comunicar rápidamente las novedades al palacio. No obstante, todo fue inútil, pues el palacio fue saqueado y destruido; además, todo indica que parte de sus moradores consiguieron huir hacia el norte del Peloponeso y el Ática, ya que los agresores procedían del sur y habían arribado hasta Pilos en sus barcos.
A pesar de sus murallas ciclópeas, Micenas también fue destruida hacia 1190 a. C., y parece ser que estuvo habitada todavía durante algún tiempo por una pequeña población cuya identidad no está clara en absoluto, como demuestra el hayazgo del denominado Vaso de los Guerreros (del Heládico Reciente III B, posterior a las destrucciones de 1190), en el que se representa una infantería de soldados cláramente no micénicos; son guerreros con faldellín y coselete, armados con grebas, lanzas, escudos redondos con una amplia escotadura y cascos con cuernos y penacho de plumas. Pertenecen, pues, a la estirpe de los "Pueblos del Mar", y recuerdan a los shardana.

                             Vaso de los Guerreros de Micenas. Comienzos del Siglo XII a. C.

                             Mercenarios shardana en la batalla de Qadesh.

Creta también sufrió graves destrucciones durante el Heládico Reciente III B. Durante todo el siglo XII se prolongan los saqueos y los grandes núcleos de población a orillas del mar son abandonados y sus habitantes huyen al interior, instalándose en poblados situados en lugares inaccesibles, a veces inverosímiles, de fácil defensa. Este es el caso de Karfi, poblado levantado a unos trescientos metros de altura sobre la llanura de Lashiti, en el sector centro-oriental de la isla. Lo construyeron hacia finales del siglo XII a. C. y en él se encuentra un edificio que recuerda al mégaron. Este poblado fue abandonado a comienzos del siglo X, cuando las condiciones del llano parecían más seguras.
El impacto de la entrada en Anatolia de los frigios y otros pueblos balcánicos fue enorme y multiplicó la inestabilidad que la región ya padecía como consecuencia de la descomposición del imperio hitita. Los frigios se asentaron en Anatolia Central y obligaron a otras poblaciones a desplazarse hacia el sur y hacia el oeste. Muchos de estos pueblos se aliaron entre sí y trataron de buscar nuevas tierras donde establecerse, actuando como piratas o como invasores según se lo permitía la situación. El comercio a larga distancia por mar y por tierra quedó roto y de esta manera los monarcas de los distintos reinos quedaron privados de una de las fuentes más importantes de donde extraían sus recursos. La avalancha de asaltos y destrucciones duró casi un siglo y tuvo su punto álgido en 1186, cuando una nueva coalición de pueblos intentó invadir el delta del Nilo. El faraón que tuvo que hacerles frente en esta ocasión fue Ramsés III, quien de nuevo los venció en una batalla naval que está magníficamente descrita en los textos y relieves de Medinet Habu. Es en estos textos donde aparece la denominación de "Pueblos del Mar", que luego se ha extendido en la historiografía, abarcando a todos los movimientos migratorios y actos de pillaje que se produjeron en el Mediterráneo Oriental desde finales del Siglo XIII hasta mediados del XII. Los pueblos a los que se enfrentó Ramsés III fueron según los textos los shardana, shekelesh, denyen, teresh, peleset, tjeker y weshesh. Como puede verse los shardana aparecen de nuevo como uno de los integrantes de esta coalición; sin embargo los ekwesh (aqueos) ya no son nombrados. Sin embargo, sí que aparecen los denyen, que han sido identificados con los danaos, nombre que Homero utiliza como sinónimo de aqueos a menudo, y los peleset, que es muy probable que se trate de aqueos de Creta, y que algunos años después de ser derrotados en el delta del Nilo se establecerán en la zona de la franja de Gaza en varios asentamientos, como está documentado en La Biblia y algunos textos asirios y egipcios. En cuanto al origen de los shardana hay teorías para todos los gustos; nosotros, sin embargo, pensamos que a falta de pruebas concluyentes la posibilidad más sugerente es que procediesen de la escarpada costa de Cilicia, nido de piratas durante siglos.

                                   Peleset prisioneros en los bajorrelieves de Medinet Habu.

La Historia tradicional, partiendo de las noticias transmitidas por los historiadores antiguos y del estudio de los dialectos griegos, explicaba el final de la civilización micénica como la consecuencia de la penetración en Grecia de una estirpe de griegos, los dorios, que desde las regiones del norte invadieron el territorio dominado por los micénicos.
Se creía que los dorios procedían de la cordillera del Pindo, desde donde se trasladaron hacia el sur empujados por otros pueblos del interior. Los dorios ocuparon gran parte del Peloponeso y pasaron a las islas del Egeo, Creta, Rodas y el extremo suroccidental de Anatolia. Esta invasión había dejado un recuerdo en la mitología con la leyenda del Retorno de los Heráclidas, en la cual se narraba que los descendientes de Heracles, expulsados del Peloponeso, regresaron acompañados de los dorios para reclamar su herencia.
Sin embargo, a partir de la década de los setenta del siglo XX, algunos historiadores que daban mayor importancia al aspecto social de la Historia, no solo negaban que hubiera habido una invasión de los dorios, si no que llegaban más allá y negaban la misma existencia de la estirpe griega de los dorios. En defensa de ello alegaban que el dialecto dorio en realidad era un estrato lingüístico de las clases inferiores al que llamaban substandar. A la cabeza de esta teoría se encontraba el lingüista inglés John Chadwick, que colaboró con Michael Ventris en el desciframiento del Lineal B.
Pero debemos hacer algunas objeciones a esta teoría. En principio, que ya en el siglo VIII había numerosas comunidades helenas que se reconocían a sí mismos como dorios; entre ellas algunas tan importantes como los lacedemonios, los de la Argólida y los mesenios solo en el Pelopoéso. Además, había dos territorios que eran conocidos como Dóride y Doria, al norte de Grecia continental y al suroeste de Anatolia respectivamente. Por otra parte, las comunidades que se reconocían a sí mismas como de origen dorio compartían una serie de costumbres y un cierto fondo cultural. Parece, por tanto, difícil de creer que lo dorio se redujese a un dialecto de las clases campesinas más pobres de la civilización micénica. Más bien parece que los dorios eran efectivamente una comunidad helena con dialecto propio que durante siglos estuvieron asentados al norte de Grecia; que compartían desde antiguo muchos de los contenidos de la civilización micénica, pero que formaban parte de una franja periférica y escasamente desarrollada de esta civilización. Lo más probable es que penetrasen en Grecia continental a mediados del siglo XII, cuando los palacios micénicos ya habían sido destruidos. Siendo estos dorios gentes que carecían de tradición urbana se establecieron en aldeas y granjas y no intentaron restablecer el aparato administrativo de las monarquías micénicas. Se extendieron con facilidad hacia las islas y Creta, quizás participando en los saqueos y actos de piratería que eran comunes en aquel período convulso del Heládico Reciente III C. Finalmente, pasaron a Rodas y Anatolia mezclados con otros emigrantes que buscaban un lugar para asentarse, de la misma forma que lo hicieron los peleset en Canaán.

Invasión de los dorios.

Los dorios carecían absolutamente de una cultura urbana, eran agricultores y ganaderos que no sintieron ninguna necesidad de reconstruir los palacios y restablecer el aparato administrativo de los monarcas micénicos. Por esta razón, tampoco sintieron necesidad de utilizar la escritura; no había contabilidad que llevar, aparte de la que era imprescindible para gestionar la granja o la explotación del predio, y para esto no hacía falta ningún complejo sistema de anotación. Por todo ello la escritura del lineal B desapareció y fue olvidada, hasta que en los tiempos contemporáneos atrajo la atención de los estudiosos y fue descifrada por Michael Ventris.
Durante más de un siglo el comercio a larga distancia casi desapareció en la Grecia continental mientras las ruinas de los antiguos palacios eran cubiertos por la maleza o eran utilizadas como necrópolis. Solo en algunos lugares como el Ática se mantuvo la actividad urbana y el comercio. Como la escritura desapareció, y por ello carecemos de documentos escritos, a esta época se la ha denominado Edad Oscura. Se prolongó desde comienzos del siglo XII hasta principios del siglo IX, abarcó, por tanto, unos trescientos años. Cuando las tinieblas se disiparon, la civilización griega surgió con una fuerza renovada y llegó hasta las más altas cotas de la Historia de la humanidad.