domingo, 16 de marzo de 2014

LEJANO OCCIDENTE. II

A mediados del Siglo II a. C. el galorromano Trogo Pompeyo escribía en su Historiae Philippicae unas historias que conocemos gracias a que fueron recogidas posteriormente por Justino en el Epitome, en el Siglo IV d. C. Dice así:
"En las serranías de los tartesios, donde se dice que los titanes movieron guerra a los dioses, habitaban los curetes, cuyo antiquísimo rey, Gárgoris, fue el primero que inventó el uso de la miel. Avergonzado de la deshonra de su hija, que le había dado un nieto ilegítimo, procuró deshacerse de él buscándole diversos géneros de muerte. Pero de todos aquellos peligros lo salvó la Fortuna, abriéndole el camino del reino. Gárgoris empezó dejándolo abandonado; pero cuando mandó recoger el cadáver al cabo de unos días, encontraron al niño sano y salvo, alimentado por la leche de los animales salvajes. Cuando se lo llevaron a casa, ordenó que lo pusieran en un sendero angosto por donde acostumbraba a pasar el ganado. Como también de este peligro salió indemne, Gárgoris dispuso que lo arrojasen a una jauría de perros exacerbados por largo ayuno, y luego a los cerdos. Pero ninguno de estos animales le causó el menor daño; antes al contrario, algunos de ellos lo amamantaron.
 Desesperado ya de acabar con él, mandó que lo arrojasen al océano. Pero aquí se mostró claramente el favor divino, pues las furiosas olas lo devolvieron a la tierra como una nave y lo depositaron mansamente en la playa. A los pocos instantes apareció una cierva que ofreció su ubre al niño. Los efectos de tal crianza pronto se hicieron sentir, pues el pequeño adquirió tal agilidad y ligereza de pies, que competía en la carrera por montes y selvas con los ciervos mismos. Al fin fue capturado con un lazo y presentado al rey, que por sus facciones y por ciertas señales que había impresas en su cuerpo lo reconoció por su nieto, y admirado de los raros sucesos y aventuras de que había salido incólume, lo proclamó heredero de su trono.
Cuando subió a éste, fue tan gran rey que bien claro se vio que no en vano había velado por él en tantas ocasiones la protección divina. Dio leyes a su pueblo, antes bárbaro; le enseñó a uncir los bueyes al arado y a arrojar al surco la semilla de trigo; y le hizo abandonar el agreste alimento de que hasta allí se había nutrido."
Aunque el texto no lo menciona, el nieto de Gárgoris se llamaba Habis y, como el lector puede reconocer, llevó una vida semejante a la de otros fundadores como Rómulo y Remo y Ciro, rey de los persas.
Dejando a un lado los elementos propios de la literatura helenística en este bello cuento, queda claro que en la Antigüedad se tenían noticias de una monarquía legendaria en el confín occidental del mundo.
                       Bronce Carriazo, que representa a la "Señora de las bestias".

Estrabón, geografo e historiador griego de los tiempos de Augusto se refiere en sus escritos a un río que fluye en el lejano Occidente, del cual tiene noticias por otro griego, Estesícoro de Himera:
"Parece que los antiguos llamaron al río Baetis Tartessos; y que llamaron a Gades y a la isla contigua Eritia; y se supone que esta es la razón por la cual Estesícoro habló de aquel modo del vaquero de Gerión, a saber, que nació más o menos enfrente de la famosa Eritia, junto a las ilimitadas fuentes con raíces de plata del río Tartessos, en una caverna en un precipicio".
Pero Estrabón también llama Tartessos a una ciudad, que según parece se encontraba en la desembocadura del río:
"Dado que el río tenía dos bocas, se dice que en tiempos antiguos se proyectó una ciudad en el territorio intermedio, una ciudad a la que llamaron Tartessos, por el nombre del río; y al país, que ahora está ocupado por los túrdulos, lo llamaron Tartéside..." 
El mundo helenístico no tenía muy claro si Tartessos era un río, una ciudad, un reino o las tres cosas a la vez. El río Tartessos podría haber sido el Guadalquivir como creía Estrabón, pero también el Tinto, en la ría de Huelva, según se desprende de las informaciones de Avieno, poeta romano del Siglo IV d. C., en su Ora Marítima, poema que sigue el texto de de un antiguo itinerario geográfico datado hacia 600 a. C.
La ciudad de Tartessos no se ha encontrado, a pesar de largas investigaciones en toda la zona del Suroeste de Andalucía y en cuanto al reino de Tartessos, es evidente que Gárgoris y Habis son personajes míticos que carecen de personalidad real.
El mito del rey Gerión difiere un tanto de los anteriores porque, aunque se trate de un gigante de tres cuerpos, introduce ciertos elementos próximos a datos comprobables. Es un rey de las marismas del Guadalquivir que es rico en ganado vacuno y vive en la isla de Eritia. Todavía hoy son famosos los toros marismeños que pastan en las islas de la desembocadura del Guadalquivir, son los toros isleros.
Por otra parte, los romanos conocieron el islote de Salmedina con el nombre de Arx Gerontis, ciudadela de Gerión, lo que confirma la ubicación de sus dominios.
No obstante, según Estrabón, Gerión nació lejos de allí, en un abrigo rocoso cercano a las fuentes del río Tartessos, probablemente en el Alto Guadalquivir.
Los griegos, atraídos por la riqueza de aquellas lejanas tierras, quisieron vincularlas a sus mitos y sus héroes con la intención de  justificar y legitimar su presencia en el extremo Occidente. Así se forjó el mito del viaje de Hércules más allá del Estrecho de Gibraltar, dónde erigió dos columnas conmemorativas y mató a Gerión para robarle su valioso ganado.

                             Hércules combate con Gerión en un vaso griego.

La causa de que al tratar el asunto de Tartessos andemos en la oscuridad es que los textos griegos que se refieren a esta cuestión fueron escritos en su inmensa mayoría durante el Período Clásico, cuando las ciudades de Jonia habían visto cerrado el acceso al Suroeste de la Península Ibérica por el bloqueo que les había impuesto Cartago. Desde mediados del Siglo VI a. C., habiendo caído Tiro en manos de los persas, Cartago asumió la herencia de la antigua metrópoli y emprendió una feroz lucha contra los focenses y otros jonios por el monopolio de los mercados de Occidente. Al final de la pugna hubo de llegar a un acuerdo entre las partes, como suele ocurrir siempre, y los jonios se vieron despojados de sus colonias al Sur del río Ebro e impedidos para navegar por aquellas aguas. Como consecuencia, la información que se recibe en Grecia sobre el Suroeste a partir de este momento es indirecta y sesgada. El núcleo del asunto está en que el género histórico propiamente dicho nace en Grecia precisamente en este momento, y por ello la información anterior pertenece al género mitológico, siempre plagado de elementos ahistóricos.
Probablemente el concepto Tartessos solo podamos aplicarlo, siendo fieles a los testimonios seguros, a una zona geográfica en la que se desarrolló una cultura más o menos homogénea; nunca a una ciudad o a un reino. Por otra parte, el espacio cultural de Tartessos era enorme; ocupaba todo el valle del Guadalquivir, las cuencas del Tinto y el Odiel y el Bajo Guadiana, incluyendo todo el Sur de Extremadura. En la desembocadura del Guadalquivir se han encontrado más de trescientos asentamientos, pero todos ellos de escasa población. Hasta finales del Siglo VIII no se desarrolló un urbanismo complejo, siendo las viviendas anteriores de planta circular y construidas con adobe y materiales vegetales.
No obstante, y dados los hornos para la combustión de minerales que se han hallado, parece ser que antes de la llegada de los fenicios aquellas comunidades tartésicas controlaban la extracción y transformación del metal, así como las rutas comerciales del Atlántico. Esto debió ser así desde el Bronce Pleno, aunque la tecnología metalúrgica fuese rudimentaria. Los minerales se transportaban desde la Sierra de Aznalcóllar hasta Almonte, y desde Riotinto, Tarsis y otras minas hasta los asentamientos metalúrgicos de Huelva. Los minerales metalíferos servirían a los intereses de los exportadores, lo que haría que los tartesios se enriquecieran.
Con la llegada de los colonizadores fenicios y griegos hubo cambios sin precedentes en la región de Tartessos: un aumento del número de asentamientos, una notable exhibición de objetos exóticos en las tumbas y un incremento en la producción de minerales. Todo ello tuvo grandes consecuencias en la organización social y política de aquella civilización.
En la próxima entrada de esta serie veremos algunos de los logros de la cultura tartésica y el probable fin que tuvo.

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